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TIERRA EN HOJA REDONDA
Al comienzo de la construcción de la casa de Melchorita, la
Municipalidad de Chincha Baja puso a nuestra disposición una pala
cargadora y un camión para transporte de materiales, y poder contribuir
así un poco en la reconstrucción de San Matías. El Teniente Alcalde de
Chincha Baja, que es el encargado de las máquinas, me ha manifestado su
disposición de seguir ayudándonos en la medida de lo posible. Desde la
Fundación Profesor Uría agradecemos enormemente la colaboración prestada por
las autoridades municipales de Chincha Baja.
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El problema es dónde encontrar la tierra con la que fabricar
los adobes. En la búsqueda hemos llegado a una agrícola cercana, donde
tienen un montón de tierras acopiadas procedentes de unas excavaciones
anteriores. Después de hablar con el ingeniero encargado para
explicarle la situación, éste accedió muy amablemente a poner la tierra a
nuestra disposición, permitiendo la retirada de toda la que necesitemos.
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LOS ADOBES
Esta es una imagen de una parte de los adobes fabricados
que ya están parados (levantados) para acabar la labor de secado.
Melchorita convocó la semana pasada a un grupo de mujeres
(de las casas que la Fundación va a reconstruir), se han inscrito
organizadamente en una lista y ahora ellas paran los adobes
puntualmente, por rigurosos turnos.
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Por último, en relación a los adobes, hay que mencionar que
el tema de la paja quedó resuelto, y estamos fabricando adobes de buena
calidad, con paja incluida. |
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SITUACIÓN DE LAS OBRAS
Los trabajos de la primera casa, que se
retomaron al poco de mi llegada, efectivamente continúan a buen ritmo.
Recordad que para esta casa contamos con la mano de obra cualificada de
Javier Manzano y sus dos ayudantes, que proceden del mismo San Matías. |
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En el pasado informe os comenté que la casa había quedado
lista para enmallar. Pues bien, el enmallado y el techado son los
trabajos que se han desarrollado esta semana.
El enmallado de la casa ha resultado ser una tarea bastante
lenta y trabajosa: la malla es difícil de colocar correctamente. Con la
ayuda de Javier Mercado y la habilidad de Javier Manzano el resultado en mi
opinión ha sido muy satisfactorio.
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Una vez concluido el enmallado y tejida toda la malla con
rafia (cuerda plástica que ata los solapes), comenzamos la labor de
techar la casa.
En la imagen, Javier Manzano escoge los guayaquiles
(o cañas) mejores para la sujeción del tejado. |
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Después se colocan los guayaquiles o cañas según lo previsto
para que salven las luces menores en cada caso. |
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A continuación se cubre el techo con caña chancada,
que debe colocarse muy apretada porque va a ser lo que se vea desde el
interior. Encima de esta capa se coloca otra capa de esterón y una lámina
plástica para impermeabilizar. |
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Finalmente, la capa de terminación o ‘empastado’ de
unos 5 cm de espesor, realizada con una mezcla de guano, serrín y agua, que
ha estado fermentándose y removiéndose durante tres días. Por último, se
espolvorea una capa de cemento. |
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Vista del techo de caña desde el interior de una de
las habitaciones. Es muy bonito, ¿verdad? Luego a los propietarios les
corresponde barnizarlo para que luzca mejor. |
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En el pasillo principal también hemos innovado un poco,
haciendo unos lucernarios para la entrada de luz cenital, ya que de
otra manera quedaría muy oscuro. |
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Ya hemos comenzado la construcción de las casas para
otras dos familias de San Matías. Esta semana se han concluido los
trabajos de cimentación y ya se han comenzado a levantar los muros.
Primero se realizaron los trabajos de encajonado o encofrado para
el sobrecimiento. Se llena el cajón de ripio mediano y una mezcla de
cemento, agua y hormigón, después de colocar la geomalla, que es la
parte que unirá el resto del enmallado de la casa con la cimentación. |
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Cuando el cemento ha fraguado, se retira el encajonado
y la sobre base ya está lista para recibir el muro de adobe. |
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El apilado de los adobes también lo está llevando a cabo el
grupo de mujeres que ha organizado Melchorita, que puntualmente
distribuyen y apilan los adobes que se usarán en cada dependencia. |
Lourdes García Sánchez-Cervera.